La pieza dirigida por Ricky Pashkus se destacó en la programación del Teatro Comedia durante todo febrero, ofreciendo un total de 11 funciones con entradas agotadas.
Esta producción nacional no solo entretuvo al público, sino que también reafirmó la capacidad del Teatro Comedia para albergar propuestas de gran escala.
La obra cuenta la historia de Charlie, un profesor de literatura con obesidad severa que dicta clases de manera virtual desde su casa. Al enterarse de que le queda poco tiempo de vida, decide intentar un último acercamiento con su hija adolescente, Ellie, a quien no ve desde hace ocho años. Ese reencuentro, atravesado por silencios, reproches y recuerdos, se vuelve el eje de una trama íntima que se desarrolla en los días finales del protagonista.
El desafío de Chávez y del elenco fue humanizar estos temas y correrse de una mirada reduccionista. “Encontramos justamente no poner el acento en una situación casi promiscua de insistencia acerca de la obesidad mórbida y de la oscuridad del tema. Hemos logrado -creo- que la morbidez sea la puerta de entrada y que cuando el espectador se va, esa morbidez no sea la protagonista, sino una humanidad que tiene como circunstancia el personaje”, reflexionó el actor sobre el aprendizaje que le dejó esta experiencia inédita en su carrera.
El actor también puso en valor el rol activo del público durante las funciones. Según señaló, en la sala se genera “un silencio que no es formal, sino activo”. “El espectador está trabajando. Sabe que si interrumpe, interfiere en algo que está sucediendo. Lo que produce el espectáculo no es sólo lo que pasa arriba del escenario, sino lo que pasa arriba y lo que hace el espectador”, explicó.
El elenco se completó con Laura Oliva, Máximo Meyer, Manuela Yantorno y Cecilia Cambiaso; y la puesta contó con escenografía de Jorge Ferrari, vestuario de La Polilla, música original de Diego Vainer y maquillaje FX a cargo de Germán Pérez.
Por fuera de la obra, durante su estadía en la ciudad, Julio Chávez destacó especialmente la recepción del público cordobés. “Es muy anfitrión. Se ocupa mucho de chequear que uno esté contento”, señaló el actor, quien también observó el vínculo afectivo que los espectadores mantienen con su escena cultural.
El paso de La Ballena por Córdoba también dejó en evidencia la capacidad del Teatro Comedia para albergar producciones de gran escala. En ese sentido, Chávez ubicó a la sala municipal en un nivel internacional, al destacar la combinación entre modernidad técnica y espíritu histórico.
“Es un teatro hecho con una mirada, con una belleza y una arquitectura impactantes. Cuando yo entré dije: es como un teatro alemán, -he hecho teatro en Alemania- y, sin menospreciarnos, tiene una estructura extraordinaria. Este teatro construye para mí una obligación. Es muy generoso para con el teatro, para con la labor, un teatro de esta naturaleza”, sostuvo.
El actor también puso el foco en la experiencia que propone el espacio desde su clima de recepción. “El Teatro Comedia en sí mismo es un lugar que habla del buen trato. Cuando uno entra al hall hay un recibimiento hermoso. La estética es muy bella, tiene elementos de primerísima calidad pero no se te imponen. No es un teatro de nueva riqueza; es un teatro hecho desde una mirada de belleza, desde una arquitectura pensada.”
De esta forma, el paso de La Ballena dejó algo más que una temporada exitosa: confirmó la capacidad de Córdoba para recibir producciones de gran escala y sostener un diálogo entre la escena nacional y su público, fortaleciendo su lugar dentro del circuito teatral argentino.





















