Este relato crudo y sobrecogedor nos sumerge en las profundidades del sufrimiento y la lucha por la supervivencia de un niño que, después de huir, termina cautivo en un lugar que debería ser de refugio: una iglesia.
A lo largo de la obra, se revela la perversa maquinaria del poder que prospera en el silencio y la impunidad. El relato expone cómo el abuso se esconde bajo el disfraz de disciplina y fe, desnudando la vulnerabilidad de los más desprotegidos. La historia de Juan Cruz es un espejo de la realidad que enfrentan muchos, donde la fe es manipulada para justificar acciones que perpetúan el sufrimiento.
La novela no solo es un testimonio del dolor de Juan, sino también de los mecanismos que permiten que el ciclo de sometimiento y desamparo continúe. A través de su relato, nos enfrentamos a la dura verdad del abuso de quienes deberían proteger a los más vulnerables. La historia de Juan Cruz es un llamado de atención sobre la necesidad urgente de visibilizar y erradicar estas realidades sombrías en nuestra sociedad.


























