La espera y las expectativas que giraban no solo entre los fanáticos sino en todo el mundo de la moda ha llegado a su fin. Los cinéfilos de parabienes!!!
Autoría Camila Arturi.
,EBA.
Porque llegó la secuela del film más esperado por los amantes de la moda, que desde sus inicios tuvo no solo un impacto significativo en la industria, sino también una fuerte influencia en tendencias y estilos del street style cotidiano.
Mientras que algunas películas trascienden por sus historias, sus imágenes, sus personajes o su música, algunas permanecen en el imaginario colectivo por su vestuario, y este es el caso de “El diablo viste a la moda”. Desde la primera entrega, en 2006, se convirtió en un referente cultural, mostrando el lado glamoroso y competitivo de la industria y la evolución del estilo personal de los personajes. Y ahora, casi 20 años después volvió a la pantalla grande, y claro con LA MODA COMO PROTAGONISTA.
Ya desde su primera parte este film no solo anticipa, sino que marca y crea tendencias, muchas de las cuales siguen aún hoy vigentes y son elementos claves en el estilismo, como la idea de superposición de prendas en capas o los abrigos como pieza central del look. Pero en esta nueva entrega y de la mano de la diseñadora de vestuario Molly Rogers, si bien seguimos viendo lujo, es un lujo mucho más silencioso, relajado. Y es que, de hecho, lejos de lo puro y exclusivamente tendencial, la selección de prendas apuesta por la atemporalidad, donde piezas de alta costura conviven con prendas vintage, en una moda pensada para resistir el paso del tiempo. Y los personajes acompañan esta evolución a la perfección, con una moda menos rígida y más funcional, pero sin dejar de ser estética. Aparece y acapara una sastrería relajada como uno de los grandes ejes, pero reinterpretada desde la comodidad; guiños vintage, corbatas como statement contemporáneo, la superposición de prendas son la clave para construir looks llenos de personalidad, y un lujo sin fecha de caducidad.
Desde que a mediados de 2025 se filtraran las primeras imágenes del rodaje, pudimos ver los looks de sus personajes…
Andy (Anne Hathaway) deja atrás a aquella asistente desacertada, que iba aprendiendo a vestir, combinar y llevar prendas, ahora su outfit muestra seguridad y experiencia. Claramente ha evolucionado, y aparece con una sastrería femenina de inspiración masculina con chalecos, blazers, pantalones de tiro alto, y una mezcla de piezas nuevas con hallazgos de segunda mano. La vemos lucir trajes a rayas, chalecos, jeans anchos con dobladillos y mucho print, y todo debido no solo a la madurez del personaje sino ajustado a la realidad, porque hoy se busca llevar prendas cómodas y relajadas. La ropa, los accesorios y el estilo personal cuentan por si solos esa historia de evolución y crecimiento, en un contexto de auténtico wardrobe storytelling (o narrativa de vestuario). Sus looks dejaron de verse con ese estilo revista de moda, siendo hoy más personales y cotidianos con diseños de Jean Paul Gaultier, Gabriela Hearst y Prada.
Miranda (Meryl Streep), fiel a su estilo, sigue repitiendo formulas infalibles, pero sin ser algo aburrido, monótono ni uniformado, con chaquetas estructuradas, faldas, y siluetas siempre impecables. Ah pero obvio, cada look complementado siempre con gafas, recreando el power dressing popularizado en los años 70 y 80 y diseñado para proyectar autoridad, confianza, liderazgo y estatus, pero desde un costado silencioso, enfocado hacia una identidad personal que combina su elegancia con su empoderamiento.
Emily (Emily Blunt) sigue siendo la más arriesgada. Su outfit es exceso pero con inteligencia, fusionando capas, texturas, piezas de archivo y combinaciones inesperadas. Sofisticada como siempre, solo ella puede llevar Dior y Jean Paul Gaultier todo en un mismo look.
Nigel (Stanley Tucci) reafirma la elegancia masculina reinterpretada con trajes de tres piezas, tejidos clásicos y detalles que elevan lo tradicional. Siempre impecable, atemporal y sin necesidad de exagerar.
Y como todo en el mundo de la moda, siempre hay un color que es clave, y si hay uno icónico y central asociado a esta peli es sin lugar a dudas el rojo. Desde la entrada en escena de Miranda con un imponente vestido rojo, este se muestra a lo largo de toda la peli como un símbolo en momentos claves. Es un color que rompe la neutralidad, pero no deja de ser elegante y sobre todo logra su cometido, no pasar desapercibido y llamar la atención. Toda una declaración de fuerza y de presencia.
Qué nos dejó entonces esta segunda entrega??…estampados, total black, print, collares de perlas como un nuevo básico, trajes relajados y oversize, corbatas como el accesorio que ha llegado para quedarse, conjuntos con raya diplomática, faldas plisadas con bolsillos, el toque rojo, camisas, el regreso de las hombreras de los 80´, sandalias confort, bolsos estilo portafolios, y todo un nuevo estilo que obvio no pasó ni pasará desapercibido.
Lo que sí prometía, se cumplió…nos dio elegancia, fue transgresora, icónica y marca un antes y después en armarios y looks de quienes aman la moda, tal como su predecesora. Porque el vestuario en la gran pantalla no es solo un elemento más, es un recurso que genera aspiraciones, crea identidades y marca tendencias.
Y esta vez la gran tendencia es la búsqueda de permanencia. Menos fast fashion, más piezas pensadas para durar, combinarse y evolucionar. Porque claramente el lujo no está solo en seguir tendencias, sino en construir un estilo que logre sobrevivir a ellas.
Camila Arturi.
Diseñadora de Indumentaria, EBA.
Estudiante de Periodismo en Moda, EBA.



























