Miles de personas llegaron desde distintos puntos del país para vivir una noche marcada por la emoción, un potente despliegue sonoro y un sentido homenaje al Indio Solari.
La espera terminó. Después de doce años, Skay Beilinson regresó a La Plata y lo hizo a lo grande: con un Hipódromo completamente colmado, localidades agotadas y un público que respondió desde el primer acorde.
Desde temprano, miles de fanáticos provenientes de distintos puntos del país comenzaron a llegar al predio para reencontrarse con uno de los guitarristas más influyentes del rock argentino. La expectativa se transformó rápidamente en una verdadera celebración cuando Skay y Los Fakires subieron al escenario.
El concierto comenzó con “Paria”, seguido por “Soldaditos de Plomo”, “Tal vez mañana”, “Aves migratorias” y “Late”, marcando el inicio de un recorrido que alternó canciones de su etapa solista con clásicos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
Durante casi dos horas, el músico mantuvo intacta la conexión con el público. Cada tema fue acompañado por miles de voces, en un espectáculo donde la contundencia de las guitarras y la precisión de la banda volvieron a confirmar el sello inconfundible que Skay mantiene desde hace décadas.
Uno de los momentos más emotivos de la noche llegó con “Todo un palo”. Antes de comenzar la canción, Skay detuvo el show por unos segundos para dedicar unas palabras al Indio Solari. “Quiero dedicar este tema, en homenaje y en honor al querido amigo Indio”.
La ovación fue inmediata. El público respondió con aplausos, cánticos y una emoción que atravesó todo el Hipódromo, en uno de los pasajes más significativos del recital.
El regreso de Skay a La Plata dejó en claro que su música conserva la misma fuerza de siempre. Con un sonido sólido, una banda afianzada y un repertorio que atraviesa generaciones, el guitarrista ofreció un espectáculo que quedará entre los grandes conciertos del año en la ciudad.



























